Ayer te vi, necesitaba hacerlo y no fue casualidad. Te busco desde la última vez y lo hago en cada sonrisa, en cada mirada perdida, en muchas manos, en cada rubia y hasta en mi almohada, pero no te encontraba hasta que te vi ayer...

Second time around

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Había llegado ya el verano y la familia pensaba pasarlo en una casa en el campo, Luisito el pequeño de la familia que tan solo contaba 9 años pensó que se aburriría mucho, todo el tiempo entre mayores y sin ningún niño entre ellos.

No será así tonto, le dijo mamá Cecilia, papá te llevará a pasear por los campos y a montar en bici, verás como te diviertes. Sí, mucho, le había contestado, él huraño.

El sábado llegaron a la casa, era muy antigua, enclavada en el centro de Asturias, pero a pocos Km de Oviedo, la capital, Cecilia podría fácilmente pasear por la calle Uría e ir de tiendas, pero en efecto no había un solo niño en las cercanías como se temía Luisito.

El primer día habló con las vecinas, una de ellas era una señora mayor que llevaba viviendo en la aldea desde niña

- Ustedes son los recién llegados, vienen de veraneo ¿no?
- Sí, hemos venido de Madrid y nos pasaremos el mes en la casa, ¿lleva mucho tiempo sin habitar?
- Sí, yo siempre la conocí así
- Pues es muy grande, debió vivir mucha gente
- Sí, los conocía mi padre, eran una familia con 3 hijas y un hijo, pero el hijo murió muy de pequeño, luego empezó la guerra y ellos eran nacionales ¿sabe? pasaron a Oviedo y no volvieron más

La conversación continuó unos minutos más y al poco Cecilia volvió a casa, en la escalera se encontró a Luisito que bajaba todo contento ya sin esa cara de enfado y esos gestos con que les venía reprochando todo el viaje desde Madrid

¿sabes mamá? En el desván vive un niño, se llama José y es muy simpático, es algo raro pero muy divertido, he estado con él y ahora bajo a comer pero luego voy a jugar con él.

Cecilia sonrió para si, y después de la comida lo comentó con su esposo, los niños son mucho, Luisito al ver que no tiene ningún amigo se ha inventado uno y ahora está en el desván.
Pasaron los días, llevaban ya 15 en aquella casona y Luisito solía pasar el día metido en el desván, en las comidas les contaba a sus padres que José sabía muchos juegos, que le contaba historias muy entretenidas y que estaba muy contento de tenerlo allí porque antes estaba solo y se aburría mucho, Luisito le había dicho que pronto tendría que volver a Madrid y que lo iba a echar de menos a lo que le respondió que él también iba a echarlo mucho de menos y que ojala pudiera quedarse allí para siempre. Cecilia sonreía al oir eso y le guiñaba un ojo a su esposo.

Un día Luisito no bajó a desayunar, su madre pensó que se había cansado ya del juego del desván y que estaba enfadado y se encerraba en su habitación como solía hacer cuando se enfurruñaba, pero fue pasando la mañana y no bajaba, al mediodía subió a su habitación y el niño le dijo que no se encontraba bien.

Lógico, le respondió Cecilia, ya te dije que no debías comer tanto helado de postre, te habrá sentado mal, me encuentro mal mamá dijo él y hoy José va a aburrirse sin mí, esta criatura pensó Cecilia, hasta encontrándose mal sigue con sus fantasías.

Ella no le dio mucha importancia, pero pasó el día y el chiquillo no mejoró, al día siguiente Cecilia se alarmó mucho porque el niño seguía encontrándose mal, tenía fiebre muy alta y escalofríos aparte de una sequedad muy fuerte en la garganta, asustada fue a hablar con las vecinas quienes avisaron al médico de Posada, la población vecina.



El médico vino, reconoció al niño y le dijo a Cecilia: este niño está muy mal, está entrando en una fase de fiebre muy alta y pronto tendrá delirios, perderá la consciencia y estará en peligro de sufrir daños irreversibles en el cerebro, hay que llevarlo rápidamente al hospital.

¿pero que le ocurre? Dijo Cecilia al borde de las lágrimas, en teoría es gripe dijo el médico, pero nunca la había visto con tal virulencia.

Y salió de la habitación para avisar por teléfono que le enviasen una ambulancia, pero mientras el niño en efecto había perdido la consciencia, cuando llegaron los enfermeros y quisieron transportarlo a la ambulancia se dieron cuenta que estaba empezando a sufrir una parada cardiorrespiratoria, a toda prisa entre la angustia de Cecilia y las ordenes del médico intentaron reanimarlo, pero no fue posible estabilizarlo y en pocos minutos el niño murió.
Cecilia quedó destrozada, no se esperaba jamás un verano así, aunque aún les quedaban 4 días de estancia en Asturias pidió a su marido volverse de inmediato, no quería ver más esa casa, ni volver a acordarse de nada.

Rápidamente volvieron a Madrid, ella no pensó jamás que sería sin su hijo.

La casa rápidamente fue de nuevo ocupada, era verano y estaba próxima a Oviedo, pocos días después llegaba una familia desde Galicia para pasarse un mes en la casa.

Desde el desván se veía perfectamente la entrada y como iban posando maletas en el suelo y observando complacidos la casa, dos voces infantiles y risueñas comentaban, "mira, viene un niño con ellos" decía una, "perfecto, será nuestro amigo" decía la otra, eran Luisito y José, hijo de la familia Alonso, muerto durante la epidemia de gripe española en 1918.

Escrito por mi querida Susana
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