Ayer te vi, necesitaba hacerlo y no fue casualidad. Te busco desde la última vez y lo hago en cada sonrisa, en cada mirada perdida, en muchas manos, en cada rubia y hasta en mi almohada, pero no te encontraba hasta que te vi ayer...

El oso cavernario

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No me preguntes como pasó, porque hasta para mi es un misterio, pero hubo un día, solo uno, en que los planetas se alinearon y con un estruendoso toque de trompetas, ella hizo despertar mi corazón de una hibernación de tres meses, pero no de esas de las pelis donde te despiertas igual que antes, sino como la de los osos, donde ves que el tiempo ha pasado y ya sin sueño toca empezar a prepararse de nuevo para la siguiente época invernal.

Solo intercambiamos unas pocas palabras en un conocido programa de mensajería, justo las suficientes para entendernos, para que de nuevo saltaran chispas entre nosotros y es que nunca habíamos necesitado mucho y esta vez no era una excepción.

Yo dije donde estaba y puse una fotografía del sitio aunque ya no estaba allí, ella puso en su perfil otra parecida desde el mismo lugar y solo tuvo que decirme ¿vienes? y salí corriendo.
Durante el camino mi cabeza se llenaba de sensaciones y pensamientos encontrados, no voy a negarlo, creo que por primera vez en mucho tiempo tenía miedo, estaba tremendamente nervioso y hasta vergonzoso, no era por que dudara de su reacción, en definitiva ella quería verme, era por mi, no quería defraudarla una vez más.
Cuando estaba llegando la ví de lejos, estaba sentada en un banco al lado del rio donde tantas mañanas la añoré y lloré en silencio, haciendo que observaba los juegos de mi fiel compañera canina para disimular ante los paseantes, pero con la mirada perdida en la otra orilla del río, esperando poder ver de lejos su figura sentada en el tronco del árbol donde grabamos nuestros nombres. Según llegaba al banco me invadió la cobardía y por un momento estuve a punto de dar marcha atrás, pero ella estaba siendo valiente y yo quería estar a la altura.



Hablamos un buen rato, nos sinceramos como lo haría un niño, sin tapujos, sin esconder nada, sin vergüenza y sin promesas. Decidimos dejar fluir nuestros sentimientos y que fuera lo que tenía que ser. Funcionó, pude por primera vez sentir lo que tanto tiempo anhelé, su amor mas puro y sincero y fuimos felices viviendo ese momento.
Esa noche fue maravillosa, nos vimos a escondidas y seguimos hablando hasta que nos inundó la pasión, no dormimos porque tan solo queríamos aprovechar hasta el último segundo la compañía del otro, sintiéndonos y amandanos al unisono como nunca antes habíamos sido capaces de hacer.

Pasamos tres días maravillosos, pero este oso no tiene remedio y mi naturaleza salvaje volvió a aflorar de nuevo, me costaba dejar atrás las costumbres adquiridas con los de mi especie y no supe apreciar el cariño que ella me brindaba, ni comprender su fragilidad, ni conformarme y volví a estropearlo rompiendo de nuevo su confianza, además de su corazón y el mio.

Y eso es lo que duró el verano para mi, tres días, o mejor dicho, adelanté el invierno de nuevo y llené su corazón de un frío insoportable que me hizo volver a mi cueva, cabizbajo y arrepentido, llorando de nuevo por lo que no supe cuidar y dejándola a ella más triste aún, sin saber porqué habiéndomelo dado todo, simplemente no me dejaba querer y es que ella no me pedía más que eso.

Podría terminar mi narración de otra forma, alargarla un poco dando más detalles o utilizando algunos preciosos recursos literarios, porque hay mucho más que podría contar, pero es que, querido lector, aunque estés leyendo esto, no lo he escrito para ti y tampoco para ella, es para mi, no para regodearme en mi pena, sino para leerlo tantas veces como sea necesario, asumirlo, aprender de mis errores y seguir adelante deseando ir con la lección bien aprendida y bien arraigada en mis adentros, porque a ella la perdí ese corto verano, aunque si ella quisiera, estoy seguro que también podría acortarle este nuevo invierno.

FIN

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